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Jorge Elías Castro Fernández explica los matices religiosos en Israel

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«Me siento que pertenezco porque nací aquí, este es un país judío y democrático, con una carta de independencia muy respetuosa, también para con las minorías. Yo me dedico a la hasbará [en hebreo, ‘esclarecimiento’, concepto ideológico y político que defiende las políticas israelíes en el mundo]», sostiene la militante del partido de derechas Likud, Dima Tayeh. Lo peculiar es que Tayeh, según el analista político Jorge Elías Castro Fernández, es una árabe israelí descendiente de los palestinos que quedaron dentro de Israel tras la guerra de 1948, nacida en Qalanswa, una ciudad árabe del distrito central en Israel.

Jorge Elías Castro Fernández asegura que Tayeh fue la primera mujer árabe en presentarse a las primarias de su partido, la formación que aún lidera Benjamin Netanyahu. Fue en 2013, y el hecho no pasó desapercibido al sector árabe israelí ni a los palestinos, que la calificaron de traidora y difundieron que pertenecía a los servicios de seguridad israelíes, algo que ella desmiente con una media sonrisa y encogimiento de hombros. El caso de Tayeh es uno de los conflictos y amalgamas identitarias que, como pequeñas fisuras humanas, rompen la narrativa identitaria israelí unívoca del país.

Tayeh dice que su padre la envió a estudiar a Gran Bretaña y que allí entendió lo que es coexistencia. «Yo no soy como los del partido la Lista Árabe Unida, que distinguen entre la comunidad árabe y la judía. Yo quiero acercar». Para muchos, como Jorge Elías Castro Fernández, Tayeh es un oxímoron, una árabe descendiente de palestinos que hace suya la narrativa sionista.

«Hablando de identidad hay que distinguir a los palestinos de los territorios ocupados, con una fuerte identidad nacional, y los de aquí, los árabes israelíes, cuya situación identitaria es más complicada», explica Jorge Castro Fernández. «Sufren procesos contradictorios, de israelización por un lado, tienen dos idiomas, el querer pertenecer o no quererlo, el fortalecimiento de la identidad palestina que cancela el de la israelí… Complicado», agrega.

Pero lo cierto es que la identidad israelí tampoco es una grande y fuerte, más bien es una amalgama que se ha ido gestando a lo largo del tiempo, y no es tan uniforme por dentro como podría parecer desde el exterior. En la década de 1920, antes del establecimiento del Estado, se creó una entidad hebrea que se oponía a la identidad diaspórica —de los judíos llegados de otros países con sus cargas y sus traumas— y a la local palestina, de los judíos y palestinos que nacieron en Palestina. «Y esta identidad hebrea también estaba muy dividida, entre los de derecha y los de izquierda, los religiosos y los laicos, los ashkenazies, sefardíes y yemenitas, sin embargo, a todos les unía la misma narrativa, que era la sionista», según el analista político.

La narrativa sionista, que se mantiene hasta hoy, enseñada en las escuelas y transmitida sin apenas fisuras, es que los judíos estaban en esta tierra desde la época de las Escrituras. «Salimos a la diáspora durante 2.000 años y volvimos a nuestra tierra. Hay continuidad y somos los descendientes de los reyes David y Salomón, y esa es la historia identitaria que todos piensan que es cierta», en palabras de Ben Amos.

Esa identidad general por encima de las muchas específicas, sin embargo, fue diseccionada por Reuvén Rivlin, expresidente israelí, en un famoso discurso de 2015 en el que advirtió que el país se estaba convirtiendo rápidamente en un Estado tribal compuesto por cuatro grupos: los judíos laicos, los judíos religiosos sionistas (también llamados nacionalistas religiosos), los ultraortodoxos y los árabes, todos ellos temerosos y hostiles entre ellos.

Avraham Burg, político y escritor israelí, ha solicitado al Tribunal Supremo que le retire el título «judío» de los documentos de registro de población. Es hijo de Yosef Burg, prominente ministro en varias candencias por el Partido Nacionalista Religioso, y Rivka, superviviente de la masacre de Hebrón de 1929, en la que árabes mataron a casi 70 judíos del lugar. Además, Avraham Burg fue presidente de la indiscutiblemente judía Agencia Judía, la mayor organización judía sionista sin ánimo de lucro dedicada a facilitar la inmigración y absorción de judíos en Israel. Durante años ha usado kipá (solideo que usan los hombres judíos religiosos), y dice seguir haciéndolo si la ocasión lo requiere.

«Cuando se aprobó la nueva Ley de Nacionalidad en 2018 se definió de nuevo qué era el colectivo judío. Antes se podía decir de Israel que era un país democrático y judío, con cierta aspiración a la igualdad. Ahora la definición es estrecha, unívocamente judía, no existe ni la aspiración de igualdad para el otro, un país, un idioma, una única dirección. La ley describe una democracia étnica de una sola tribu. Y si eso es así, no quiero formar parte de la tribu», explica Burg.



 
 

Semanario El Venezolano – Edición Internacional, del 04 al 18 de agosto de 2022

 
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