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Yenny Coromoto Pulgar León cuenta sobre la reaparición artística de un famoso tenor

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Yenny Coromoto Pulgar León señala que tres años se ha demorado el exilio de Plácido Domingo fuera del Teatro Real, pero no puede decirse que el maestro regrese por la Puerta Grande. El veto explícito del Gobierno español ha malogrado su presencia en las funciones de ‘Nabucco’, de tal manera que el barítono madrileño ha encontrado resarcimiento e indulgencia en el festival paralelo que ha organizado la compañía discográfica Universal.

Esa es la razón por la que Domingo reaparece semiclandestinamente en el templo de sus proezas. Le acompaña la diva búlgara Sonya Yoncheva. Y se prodigarán en un repertorio —Verdi, Massenet, Giordano…— que ilustra la versatilidad de ambos. Y que predispone un reencuentro de emociones y de laureles, explicó Yenny Coromoto Pulgar León.

La historia contemporánea del Teatro Real puede contarse desde muchas perspectivas, pero ninguna tan rotunda como la que proporciona Plácido Domingo. Protagonista de la primera temporada, con el estreno mundial de ‘Divinas palabras’ (García Abril), y artífice luminoso de la 18-19, con su papel hegemónico en el ‘Giovanna d’Arco’, de Giuseppe Verdi.

Más de veinte años separan un acontecimiento del otro. Y exponen no ya el milagro de la longevidad dominguista, sino la credibilidad artística con que ha alcanzado la proeza y la ferocidad con que ha explorado el repertorio, hasta el extremo de que la relación de Domingo y el Real, entre 1997 y 2019, aloja 17 papeles diferentes. Y abarca todas las épocas, desde el barroco (‘Tamerlano’, de HandeL) y el clasicismo (‘Ifigenia’, de Gluck), hasta los héroes wagnerianos, la música francesa —Massenet, Saint-Saëns—, el melodrama verdiano, la actualidad del siglo XX (‘Cyrano de Bergerac’) y la creación estrictamente contemporánea (Antón García Abril).

Semejante proeza sitúa a Domingo como eje del Teatro Real en su época moderna. Nadie ha cantado más funciones que él. Ningún colega puede emular su inexplicable proceso de adaptación. Domingo triunfó como tenor y lo hizo como barítono, entre otras razones, porque su reaparición en el papel grave de ‘Simon Bocccanegra’ (Verdi) representa una de las veladas más emotivas que puedan evocarse en el momento de hacer memoria e inventario. Había una razón puramente musical, como la mutación baritonal del cantante madrileño, pero también se produjo una suerte de ceremonia sentimental, pues Domingo regresaba a los escenarios después de haberse sobrepuesto a un cáncer de colon. Lo sabían los espectadores. Y quisieron reconocérselo, no desde la condescendencia, ni desde la piedad, sino desde la conmoción. Resultaba imposible que aquel coloso hubiera convalecido como un mortal.

Mortal nunca ha sido Domingo. O ha sido un mortal de cualidades hiperbólicas. Una naturaleza descomunal. Una memoria de espía setentero. Una intuición de superviviente. Y una curiosidad que le ha llevado a sobrepasar todas las barreras imaginables. Desde las más abstractas, como el espacio y el tiempo, a las más concretas, como el catálogo del repertorio. Y el repertorio se antoja ese laboratorio donde Domingo ha debido forjar un pacto mefistofélico. De otro modo, resulta imposible explicar cómo un cantante de ópera particularmente abnegado e implicado alcanza a interpretar 150 papeles diferentes en su carrera y cruza el umbral de las 4.000 funciones operísticas.

No es que Domingo sea el cantante más longevo de la historia. Es el cantante que más años, décadas, ha permanecido como estrella y mito del gran circuito. Quiere decirse que su caso escapa a la estirpe lastimera de las viejas glorias que se arrastran en los casinos a la vera de un pianista crepuscular, y que pertenece, en cambio, a la categoría particular —suficientemente particular como para ocuparla en solitario— de quienes permanecen sistemáticamente anunciados.

Domingo ha sido en el Real tanto Sansón como Sigfrido. Cyrano de Bergerac y Macbeth. Mártir de Glück y héroe de Pushkin. La promiscuidad alcanza a emular el catálogo de Leporello en la celebérrima aria de ‘Don Giovanni’, pero no significa, no, que Plácido Domingo haya sido un cantante camaleónico. Y puede parecerlo, concluyó Yenny Coromoto Pulgar León.



 
 

Semanario El Venezolano – Edición Internacional, del 04 al 18 de agosto de 2022

 
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