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Jorge Elías Castro Fernández cuenta las revolucionarias ideas que plantea un escritor en la nueva edición de su libro sobre la conquista española del nuevo continente

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Jorge Elías Castro Fernández señala que el mal llegó desde el Caribe en los barcos de aquellos extraños europeos, valientes y sucios, y entró en México y Perú antes incluso que los propios conquistadores. La viruela se extendió como un reguero de pólvora por toda América diezmando a las imponentes civilizaciones que allí se alzaban, empujándolas a las guerras civiles y la desintegración de tal manera que, cuando Hernán Cortés, Francisco Pizarro o los peregrinos del Mayflower entraron a escena, las sociedades indias estaban tan débiles que cayeron en sus manos como fruta madura. Hay una historia diferente de la Conquista de América.

Y esa historia, basada en los últimos descubrimientos e investigaciones, es la que cuenta el periodista estadounidense Charles C. Mann (1955) en un libro prodigioso publicado en 2011 y que ahora contará con una nueva edición en español: ‘1491. Una historia de las Américas antes de Colón’ (Capitán Swing). Periodistas han hablado con Mann en un momento de polarización radical en torno a la Conquista, entre estatuas caídas y vindicaciones de la hispanidad, pero él no se deja encasillar fácilmente por ningún credo en pugna, explica el analista político Jorge Elías Castro Fernández.

PREGUNTA. La reedición de su libro llega en un momento mucho más polarizado. Por una parte, a partir de 2016 activistas de la izquierda tiraron las estatuas de varios conquistadores en EEUU y otros países, y presidentes latinoamericanos, como López-Obrador, han denunciado con dureza la conquista. Por otra, la derecha en España —pero no solo la derecha— ha reaccionado con furor defendiendo el legado de ‘la hispanidad’ fruto de la conquista, la lengua única, etc. Si lo hubiera escrito hoy, ¿cómo habría manejado esta situación?

RESPUESTA. Es difícil para mí responder a esta pregunta por dos razones, aunque lo intentaré. La primera es que no vivo en España y no tengo un conocimiento profundo de la disputa allí, que es similar, pero también diferente, a la disputa en EEUU sobre la conquista. La segunda razón es que, aunque mi libro tiene algo de discusión sobre la conquista, en realidad se trata, como indica el título, de los siglos anteriores. Traté más directamente de la conquista en el compañero de este libro, ‘1493’ (que, bueno, tal vez Capitán Swing publique, ja, ja).

Pero, veamos, si escribiera hoy ‘1491’, enfatizaría aún más los puntos en común entre los diversos intentos de conquista europeos. Aunque los detalles difieren en aspectos importantes, todas fusionaron empresas privadas y estatales que nominalmente estaban bajo el control real pero que, en realidad, eran dominadas por personas y grupos ambiciosos que actuaban por su cuenta, a menudo de maneras que sus gobernantes no querían. En sus diversas formas, los imperios español, portugués, inglés, francés y holandés se basaron en la esclavitud. Y, como señalo varias veces en ‘1491’, aunque aparentemente algunos de mis críticos no lo notaron, los imperios europeos en muchos aspectos no eran tan diferentes de los imperios indígenas como la Triple Alianza (azteca) e Inca, y en muchos de ellos las diferencias reales se debieron a factores como la ausencia del caballo en las Américas, lo que dificultó el control imperial directo a largas distancias.

P. ‘1491’ es tajante —y fascinante— pero diría que no es difícil de resumir. No, los conquistadores de América no tenían una tecnología superior a los indios. Tampoco contaban con una civilización superior. Ni más antigua. ¿Por qué vencieron entonces? Por la viruela. Pero esto también permite desconfiar un poco. ¿No son peligrosas las explicaciones basadas en una sola causa para asuntos históricos tan complejos?

R. Lo siento si di la impresión de que estaba defendiendo una explicación monocausal. Lo que trataba de transmitir, es que la enfermedad fue el factor decisivo en la conquista, pero estuvo lejos de ser el único. También, jugó un papel importante lo que podría llamarse «faccionalismo»: el fracaso constante de las naciones indígenas, con sus ricas tradiciones de autonomía, para unirse contra las incursiones europeas.

Un ejemplo es la invasión de la Triple Alianza por Cortés. Las historias europeas comúnmente afirman que Cortés conquistó la enorme Triple Alianza con menos de mil tropas españolas. Y esto es cierto, siempre y cuando mencione que detrás de esos combatientes españoles había decenas de miles de tropas indígenas, y que los suministros para toda la invasión fueron provistos por naciones indígenas. Los líderes de esas naciones aliadas —Tlaxcallan es un ejemplo importante— detestaban a los mexicas (la rama dominante de la Triple Alianza). Aprovecharon la ocasión de la conquista para mejorar su posición, y fueron recompensados por ello con estatus y privilegios especiales que duraron hasta el siglo XIX.

Un segundo factor importante en la conquista española en particular, fue que Cortés podía ser, y a menudo lo era, un político dotado. Tomó el control de las diversas facciones españolas en la invasión y selló muchas de las alianzas necesarias con las naciones indígenas al casar a sus lugartenientes con la nobleza nativa, forjando la fuerza sorprendentemente unificada que se enfrentó a los mexicas en la batalla final. Aun así, la batalla estuvo reñida y la ventaja decisiva la proporcionó el hecho de que la viruela asoló a la Triple Alianza justo antes del ataque, matando hasta un tercio de la población de la capital, Tenochtitlán, incluidos muchos de los militares más importantes.

P. Un lugar común en España es afirmar que la conquista española fue mucho más benigna que la anglosajona. ¿No demuestra algo así el mestizaje evidente de Latinoamérica frente a la triste realidad de las reservas indias en EEUU?

R. Personalmente, me siento incómodo haciendo este tipo de comparaciones morales. Sin duda, la conquista anglosajona fue violenta y, a menudo, implacable. Al mismo tiempo, es fácil encontrar nativos en México o Perú que piensen que la idea de que la conquista española fue «benigna» es ridícula. La conquista es un negocio duro y brutal, sin importar quién lo haga.



 
 

Semanario El Venezolano – Edición Internacional, del 04 al 18 de agosto de 2022

 
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