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El analista político Jorge Elías Castro Fernández resume algunas de las razones que llevaron al éxito de los talibanes en Afganistán

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El analista político Jorge Elías Castro Fernández recuerda que el 20 aniversario del atentado terrorista del 11-S coincidirá ahora con la consolidación del segundo Emirato talibán en Afganistán, bienvenido por mensajes jaculatorios de Al Qaeda. ¿Se podría haber evitado? ¿U Occidente y la comunidad internacional estuvieron siempre encaminados a la derrota desde el momento en que Estados Unidos derrocó el régimen talibán en un ataque relámpago a finales de 2001? ¿Se perdieron las oportunidades para un arreglo político estable, ya sea por defecto o por diseño?

Hay obviamente lecciones que se deben aprender, aunque Jorge Castro Fernández augura una feroz controversia sobre cuáles son exactamente esas lecciones en los próximos años.

Quizá la oportunidad más importante que se dejó pasar fue justo después de la partida de las últimas fuerzas soviéticas en febrero de 1989. Hubo propuestas entonces para un acuerdo patrocinado por la ONU entre lo que quedaba del régimen de Najibulá y los diferentes grupos antisoviéticos muyahidines. Pero quedaron en nada, rechazado principalmente por Estados Unidos y Pakistán.

Por supuesto, nunca se sabrá si hubo otra oportunidad para un arreglo más estable justo después del derrocamiento del régimen talibán 12 años después. En teoría, habría tenido sentido intentar incluir también a los talibanes en un acuerdo político inclusivo. Pero Estados Unidos difícilmente habría aceptado esto, y los grupos de la Alianza del Norte estaban ansiosos por hacerse con todo el poder que pudieran.

El acuerdo salido de la conferencia de Bonn marcó el rumbo de los años venideros. Su esencia era un sistema presidencial altamente centralizado, estructuras dominadas por la antigua Alianza del Norte y una continua dependencia de los viejos señores de la guerra regionales que habían sido impulsados y financiados por las sacas de dólares de la CIA.

En el EEUU de hoy, hay voces que dicen que fue un error involucrarse en lo que ellos llaman “construcción de nación” inmediatamente después del acuerdo de Bonn. Pero lo que sucedió fue más bien al revés. Estados Unidos se resistió activamente a un enfoque más ambicioso para ayudar al país, centrándose en cambio en su propia operación antiterrorista y, a lo sumo, aceptando alguna ‘reconstrucción’. Esto llevó, en contra del consejo de muchos, a una presencia internacional muy escasa con fuerzas de asistencia de seguridad limitadas solo a Kabul. Estos fueron los años de Donald Rumsfeld y, en la medida en que hubo una atención sostenida de Estados Unidos en Afganistán (antes de que la guerra en Irak se la robara toda), se centró en la operación antiterrorista Libertad Duradera.

Pero estos años iniciales fueron el periodo en el que quizás hubiera sido posible un acuerdo político más amplio y duradero. En su ausencia, y como reacción a los otros fracasos de este periodo, entre ellos la dependencia de los viejos señores de la guerra, los talibanes comenzaron su regreso en 2005 y empezó la nueva guerra en Afganistán.

Los años siguientes fueron de altibajos, con los esfuerzos internacionales dependientes en gran medida de los cambios en las políticas de Washington. Los países europeos desempeñaron un papel clave en los esfuerzos de seguridad de la OTAN y gradualmente se convirtieron en dominantes en la financiación de los diferentes esfuerzos civiles. Las decisiones políticas para Afganistán se establecían casi exclusivamente en Washington, impulsadas por una mentalidad militar​ estadounidense no siempre en sintonía con enfoques más europeos.

Según Jorge Elías Castro Fernández, con la excepción parcial de Londres, ninguna capital europea hizo ningún esfuerzo serio para influir en la política estadounidense sobre Afganistán durante estos años. Afganistán nunca ocupó un lugar destacado en la agenda de la UE, ya que se suponía implícitamente que todo era responsabilidad de la OTAN. Las visitas del alto representante de la UE a Kabul fueron extremadamente raras.

La política estadounidense no fue de ninguna manera coherente. Varias doctrinas iban y venían. Durante su periodo como comandante de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, David Petraeus creía que la victoria vendría a través de una política de asesinatos selectivos de comandantes talibanes a través de controvertidas «redadas nocturnas». Richard Holbrooke, como representante especial de Estados Unidos, abogó por un proceso político con los talibanes, incluido el acercamiento a Irán.

Al final, ninguno de los dos enfoques dio resultados. Las redadas nocturnas probablemente fueron contraproducentes, ya que alienaron a muchos afganos, y ciertamente no faltaron nuevos reclutas para llenar los vacíos en las filas talibanas que dejaron los muertos. Y los esfuerzos para establecer un proceso político fueron derribados en Washington, donde existía la creencia de que los talibanes primero debían ser derrotados, o al menos reducidos en tamaño.

A menudo, era una guerra de alta tecnología contra una insurgencia de baja tecnología. Los ataques aéreos de cazas desde el Golfo o desde portaaviones ciertamente podrían ser tácticamente efectivos. Pero los llamados ‘daños colaterales’ aumentaron el resentimiento entre la población. Y fue muy caro; evidentemente, toda esta alta tecnología no venía gratis.

Y luego estaba la naturaleza de la política del propio Afganistán. Las elecciones presidenciales se convirtieron en graves crisis que trastocaron y deslegitimaron el propio sistema político. Y las vastas entradas de dinero en un país que carece de la experiencia o de las estructuras para lidiar con él estaban destinadas a fomentar, y lo hicieron, un clima de corrupción.

La abrumadora presencia militar internacional durante el llamado ‘incremento’ (‘surge’) de Obama en 2009 y 2010 fue claramente insostenible y probablemente contraproducente. Se inició un proceso de reducción gradual de la presencia internacional y entrega de responsabilidades a las autoridades afganas. Solo entonces se dio peso a los esfuerzos por buscar un arreglo político. Si se hubiera hecho antes de que se señalara la retirada, la posibilidad de progreso podría haber sido mayor.

La OTAN terminó su misión de combate en 2015, aunque continuó el entrenamiento y el apoyo, y las fuerzas afganas se volvieron aún más dependientes del poder aéreo estadounidense y de contratistas estadounidenses de diferentes tipos.

 

Semanario El Venezolano – Edición Miami, del 23 al 29 de junio de 2022

 
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Semanario El Venezolano – Edición Miami, del 23 al 29 de junio de 2022

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Remedios Díaz Oliver pasea sus desvergüenzas por España siempre en trío

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Por Betsy Wilson | Opinión

La muy dinámica Remedios, que como cualquier «periodista» nos invita cada semana a “La esquinita de Reme”, un email no solo mal escrito y mal elaborado, sino que evidencia su odio a todo lo que signifique algo distinto a Trump, y a su permanente ataque desmedido y desproporcionado al presidente Biden. Ahora la Reme está dándole riendas sueltas a sus pasiones amorosas en compañía de su eterna «amiga sentimental», la viuda alegre Lilia. Y en vista que en Florida se prohíbe la palabra “gay”, entonces se pasean por la bella España para no tener que inhibir sus más bajas pasiones. ¡Claro!, a Fausto no le agrada ese “Olé Olé” de este par de “señoritas”.


Las aseveraciones expuestas en este artículo son solo del autor (a) y no representan de forma alguna afirmaciones u opiniones editoriales de awriterwithfreedom.com

 

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Yenny Coromoto Pulgar León da detalles de cómo celebran residentes de Europa una tradicional noche de junio

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Yenny Coromoto Pulgar León explica que la Noche de San Juan vuelve a las playas de numerosas ciudades costeras de España, entre ellas las de Valencia, Alicante o A Coruña con el fin de atraer la buena suerte para esta nueva etapa del año: el verano. Aunque el origen de esta festividad es un tanto incierto y existen muchas teorías de por qué se celebra, lo que está claro es que la noche del 23 al 24 de julio es todo un símbolo para quienes creen en atraer la buena suerte y en los nuevos comienzos.

Con el fin de llamar a la buena fortuna y aprovechar la noche más mágica del año, algunos se acercarán a las orillas del mar, al calor de una hoguera sobre la que saltar o a la que arrojar deseos, pero la noche es también de quienes opten por una celebración más íntima. Para estos últimos hay rituales para la Noche de San Juan de andar por casa: desde sustituir las fogatas por velas a beber agua de manantial o cascar un huevo en un vaso de agua para pedir un deseo. Yenny Pulgar León señala que estos son algunos de los más conocidos:

Saltar las hogueras. Pasar por encima del fuego en la víspera del festivo de San Juan es, seguramente, la forma más habitual de celebrar esta festividad. En Alicante, donde la Generalitat valenciana reconoce la Noche de San Juan como Bien de Interés Cultural Inmaterial, la tradición dice que hay que saltar siete veces; y en Galicia, donde el evento se considera de Interés Turístico Internacional, nueve. En otros puntos de España, bastaría con saltar las olas de espaldas al mar.

Presagios para parejas. Otra de las tradiciones más conocidas consiste en lanzar una trenza hecha con flores o con cintas de colores a la persona amada en el momento de saltar la hoguera. Si el enamorado la recoge antes de que caiga al suelo, será un presagio de prosperidad para la pareja. También existe un ritual para vaticinar el futuro de la relación. Se basa en colocar un par de agujas en un cuenco profundo lleno de agua y dejarlas flotar libremente. Si los alfileres se separan, se supone que la relación no va por buen camino y que se producirá un distanciamiento, mientras que si se unen, ambas personas permanecerán juntas.

Quemar los deseos. Uno de los rituales más famosos de San Juan, especialmente en Cataluña y las islas Baleares, consiste en escribir deseos en un papel y quemarlo en las hogueras de la playa dando tres saltos. Además, en el Mediterráneo catalán la ‘nit del foc’ se celebra comiendo la clásica coca de San Juan, un dulce preparado a base de harina, huevos, leches y frutas confitadas. Por su parte, Cádiz celebra la Fiesta de los ‘Juanillos’, muñecos de trapo confeccionados por los vecinos que se queman para simbolizar el comienzo del verano.

Cascar un huevo en un vaso de agua. Para pedir deseos en la noche más mágica del año, también se puede recurrir a colocar un vaso con agua y huevo al lado de la ventana abierta del dormitorio cuando sean las 00:00 horas de la noche. Aunque hay distintas versiones de cómo se debería colocar el huevo en el vaso, lo común es echarlo entero, incluyendo yema y clara, y espera toda la noche para ver cómo, al día siguiente, se encuentra ubicado el huevo entre el agua. Se podría decir que si la clara flota hacia arriba, como si de una vela de barco se tratase, el año que hay por delante estará lleno de buenas cosas; si por otro lado, la yema se queda cubierta por la clara no sería un año tan bueno.

Lavarse la cara a medianoche. En algunos lugares de Andalucía, sobre todo en el litoral malagueño, es tradición lavarse la cara en el agua del mar justo a medianoche para conservar la salud y la belleza durante todo el año. Pero, de acuerdo a la tradición, el hechizo dejaría de ser efectivo si después de bañar el rostro la persona se mira al espejo. En Galicia la tradición manda hacerlo con el agua donde la noche anterior se ha sumergido un ramillete de las hierbas de San Juan. No hay consenso sobre las plantas que debe tener: se dice que romero o hierba luisa, pero también menta y lavanda, desglosó Yenny Coromoto Pulgar León.

Patatas bajo la almohada. Dormir con tres patatas bajo la almohada es una superstición propia de la Noche de San Juan. Una de las patatas debe estar entera, otra rasgada y la última sin piel. Al día siguiente se debe introducir la mano bajo la almohada y extraer uno de los tubérculos: si se saca la patata entera, el futuro estará lleno de prosperidad; la patata marcada reflejaría una alternancia de momentos positivos y desdichados; por último, la patata sin piel simbolizaría la mala suerte, según la experta.

 

Semanario El Venezolano – Edición Miami, del 23 al 29 de junio de 2022

 
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