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Aarón Elías Castro Pulgar cuenta sobre la evolución a lo largo de la historia de una famosa terapia

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Aarón Elías Castro Pulgar recuerda que hubo un tiempo en que el pensamiento mágico de la sociedad era tan determinante que vivían permanentemente atemorizados por lo que pudiese suceder si asustaban a Dios. Entonces surgieron las historias de brujas que han llegado hasta nuestros días, cuando para librarse del mal y el diablo, se quemaban o asesinaban mujeres y se hacían toda clase de sortilegios que permitirían estar a salvo de cualquier peligro.

Tréboles de cuatro hojas y espejos aparte, continuamos evolucionando y las sociedades cambiaron, y quizá fue el espiritismo del siglo XIX (ese gran consuelo para los que habían perdido a alguien durante la guerra) una última muestra del pensamiento mágico que ya no podemos entender en una sociedad secularizada, aunque algunos sigan temblando de miedo con las historias de fantasmas. Las tornas han cambiado, de hecho, y somos tan descreídos que pensamos continuamente que tratan de engañarnos. Tenemos más información y criterio que nunca a nuestro alcance. No es casualidad que haya más negacionistas que nunca, señala el conferencista Aarón Castro Pulgar.

Una de esas cosas que siempre han sorprendido al ser humano, que nunca se lo ha creído del todo, es la hipnosis. Sorprendentemente, aunque quizá te haga pensar en Freud o similares, lo cierto es que existen precedentes históricos del uso de técnicas similares, empleada por los egipcios y griegos en los llamados Templos del Sueño. Estos eran algo así como hospitales dedicados a la recuperación de numerosas dolencias (generalmente de naturaleza psicológica). El tratamiento incluía cánticos y se colocaba al paciente en un estado de casi-trance o hipnótico, analizando sus sueños para determinar el tratamiento, aunque también se practicaban otras terapias como la meditación, los ayunos, baños rituales o incluso sacrificios a las deidades.

Pero fue en el siglo XVIII cuando comenzaron a hacerse los primeros estudios de lo que conocemos como hipnosis. El doctorado en Medicina y Filosofía Franz Anton Mesmer escribió en Viena su tesis ‘De planetarium Influxu in corpus humanum’, que explicaba que todo ser vivo irradia un tipo de energía similar que puede transmitirse de unos seres a otros, llegando a tener una aplicación terapéutica. Adquirió mucha fama, aunque fueron sus discípulos y posteriores investigadores los que determinaron cómo se curaban las personas en los trances hipnóticos: por pura sugestión. Según el cirujano escocés James Braid: «La fijación sostenida de la mirada paraliza los centros nerviosos de los ojos y su dependencia que, alterando el equilibrio del sistema nervioso, produce el fenómeno».

Desde entonces han surgido muchas teorías diferentes al respecto sobre cómo funciona. Para Joe Griffin es un mecanismo, como cualquier otro, artificial de llegar al estado REM. Pierre Janet defendía que es el resultado de la disociación porque las áreas del comportamiento de un individuo están separadas de su comportamiento ordinario y la hipnosis arrebataría de alguna manera parte del control de la mente consciente, haciendo que el individuo respondiera con un comportamiento autónomo. Harry Cannon ha explicado en alguna ocasión que solo se trata de una sugestión absoluta en la cual se necesita un foco de atención para que dicha sugestión arraigue en el subconsciente y exteriorice en función motriz. Por último, Nicolás Spanos (que cambió con sus estudios muchas creencias adquiridas) aseguró que los estados de hipnosis se hacen con conocimiento de la persona y que dichos pacientes creen que los estados de inconsciencia se los provoca una fuente externa cuando en realidad son ellos mismos.

Pero probablemente sea Sigmund Freud uno de los más famosos ‘hipnotizadores’. Como explica Pedro Rocamora G.-Valls, doctor en Derecho y en Psicología, el austriaco practicó la hipnosis con Charcot y Bernheim y la utilizó posteriormente en sus primeros años de actividad profesional, realizando regresiones hipnóticas pues consideraba que recuperando ciertos recuerdos traumáticos en fase hipnótica se podía curar la patología histérica. Esto se basaba en las creencias de Breuer de que, cuando se devolvían estos recuerdos olvidados, el paciente limpiaba el espíritu mediante una descarga emocional o catarsis (aunque también podía sufrir un shock). Pero Freud sustituyó posteriormente la regresión hipnótica por la evocación en un estado de vigilia, y todo esto le permitió llegar al psicoanálisis.

Un sorprendente artículo publicado recientemente en ‘BBC’ sugiere que la hipnosis está volviendo con fuerza, pues asegura que sirve para tratar dolores crónicos o ansiedad. «Un creciente cuerpo de evidencia asegura que la hipnosis es efectiva para muchas personas que experimentan dolor, ansiedad, trastorno de estrés postraumático, parto o nacimiento estresante, síndrome del colón irritable. Para algunas de estas condiciones la hipnosis supera a los tratamientos estándar en cuanto a costo, eficacia y efectos secundarios».

El problema, aseguran, es que durante el siglo XVIII el auge del hipnotismo también trajo un sinfín de irremediables charlatanes que no hicieron ningún bien: los hipnotizadores que recorrieron los escenarios de Europa consiguiendo que la gente que subía con ellos se pusieran rígidos como una tabla o se hicieran pasar por un pollo. Todos recordamos ‘La maldición del escorpión de Jade’ (2001) de Woody Allen, en la que un hipnotizador consigue que el protagonista (el mismo Allen) tenga unas irrefrenables ganas de robar cada vez que escucha la palabra mágica ‘Constantinopla’.

El debate público sobre la hipnosis se calentó durante la década de 1880, hasta que algunos países comenzaron a promulgar leyes para regular su uso. En septiembre de 1894 salió a la luz pública que Ella Salamon, de tan solo 22 años, había muerto después de que un ocultista la hipnotizara en un remoto castillo en Hungría. Tan solo tres meses después, en Alemania, la baronesa Hedwig von Zedlitz und Neukirch, que buscaba tratamiento para los dolores de estómago y de cabeza, conoció al ‘sanador’ polaco Czesław Czyński, que supuestamente habría usado la hipnosis para seducirla en varias sesiones, lo que culminó en un matrimonio falso (aunque la baronesa siempre sostuvo que estaba verdaderamente enamorada del atractivo Czyński).

El mismo año, nació el hipnotizador ficticio Svengali en la exitosa novela ‘Trilby’ de George du Maurier. El público devoró el libro junto con las noticias sobre el caso Czyński, pues en una suerte de serendipia ambas historias guardaban interesantes similitudes, concluye Aarón Elías Castro Pulgar.



 
 

Semanario El Venezolano – Edición Internacional, del 04 al 18 de agosto de 2022

 
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