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Panamá

Panama Ports Company debe comprometerse con el desarrollo portuario de la República de Panamá

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Al oído del gobierno (sobre Panama Ports)…..

Por Tomás Paredes Royo

En mi último escrito sobre el contrato entre el Estado y Panama Ports Company (PPC) para el desarrollo, construcción, operación, administración y dirección de las terminales portuarias de Balboa y Cristóbal, incluyendo otras áreas aledañas a dichos recintos portuarios, hice recomendaciones puntuales a esa empresa para mejorar su opción de obtener del gobierno una renovación “automática” del contrato firmado hace 25 años.

Mucha gente me llamó o me escribió para darme sus comentarios, la mayoría de ellos favorables a mis opiniones, sin embargo no puedo esconder que algunos me advirtieron que esa prórroga ya estaba pactada, incluso con  los montos y los nombres de las personas que habían o estaban negociando, y que por lo tanto, me recomendaban que no fuera iluso y que me dedicara a otros temas.

“A pesar de todo”, como cantaba Javier Solís, y porque me resisto a pensar que todo está perdido, ahora escribo para sugerirle al gobierno algunas  propuestas puntuales para modificar el contrato el Estado y PPC, con la intención de que si ya existe una decisión oficial de renovar dicha relación y no llamar a un nuevo proceso de licitación como es mi preferencia,  entonces que esa extensión por lo menos  asegure aumentar los ingresos del Estado y reducir los ingresos de PPC, en búsqueda de los mejores términos y condiciones para la República de Panamá.

Mi primera sugerencia es que PPC renuncie a cualquier derecho sobre las áreas consideradas como “extensiones futuras” en el Pacífico (Diablo) y en el Atlántico (Isla Telfers), permitiendo con ello al Estado tomar control pleno del desarrollo portuario en ambas puntas del Canal de Panamá y en toda la región interoceánica.   En este sentido, se debe acabar el papel de PPC como sub-arrendador de terrenos en áreas dadas a esta en concesión por el Estado, y que claramente representan un excedente a las necesidades y a las actividades de PPC.

Varias empresas establecidas en Isla Telfers pagan mensualmente altos cánones de arrendamiento a PPC por terrenos amparados en esas “extensiones futuras” (Diablo y Telfers), que fueron otorgadas como parte de “los puertos”, previendo una expansión de las operaciones de PPC.   No obstante, sin ningún mérito o esfuerzo, la empresa recibe ingresos por el negocio de alquiler de esas tierras, ingresos que le corresponden al Estado

Otro cambio fundamental que proponemos es la revisión de los pagos recurrentes al Estado por la concesión. Debe retomarse el concepto de una renta fija anual y de pagos variables en función del negocio, tal como se pactó en 1997.  Sin embargo, por razón que los montos de inversión durante este segundo periodo serán significativamente menores, ambos pagos, tanto el fijo como el variable, deben reflejar un alza importante a favor del Estado panameño.

Los requerimientos en mejoras para los próximos 25 años en los puertos de Balboa y Cristóbal no serán ni la sombra del nivel de inversión que PPC alude haber realizado hasta la fecha en esos recintos.  La infraestructura portuaria de la empresa ha sido ya elevada a un punto de madurez que permite, con inversiones marginales, potenciar a niveles óptimos la eficiencia de las operaciones y los servicios portuarios del concesionario.  Cualquier inversión a futuro en equipos por razón de nuevas  tecnologías o nuevos negocios se justificaría por el crecimiento puntual de esas demandas y tendrían un periodo de retorno dentro del curso de la concesión.

En caso de una prórroga, se debe mantener el concepto y la estructura de las diferentes tarifas que actualmente paga PPC al Estado, con una cláusula de revisión y ajuste cada 5 años en base al nivel de operaciones e ingresos de la empresa y no en función del Índice de Precios al Consumidor, que por tratarse de una operación internacional, poco o nada guarda relación con el comportamiento de la economía nacional.

No obstante, además de cancelar las cantidades dejadas de pagar en dividendos y otras afectaciones por incumplimiento del contrato, PPC debe pagar al inicio del nuevo periodo, y por una sola vez, una cantidad de USD 350 millones en reconocimiento de los efectos favorables de la inversión realizada por el Estado panameño en la ampliación del Canal, específicamente la Autoridad del Canal de Panamá, condición que no existía en 1997 y que le permite a la empresa tener acceso a un mayor número de barcos con mayor capacidad de contenedores y ampliar sus negocios.

Además, PPC debe comprometerse con el desarrollo portuario de la República de Panamá, ayudando al país a liderar el movimiento y trasiego de bienes en la región, aportando a la creación de nuevas cadenas de valor con el fin de diversificar la oferta y enriquecer los servicios logísticos que se puedan ofrecer desde nuestro país.

Por último, el gobierno debe nombrar como su representante en la Junta Directiva a un Director que ponga los intereses del país por delante de sus propios beneficios; una persona que supervise la gestión del concesionario y la ejecución y el cumplimiento del contrato con rigor profesional, con pundonor y  con responsabilidad de patria, lo que claramente nos ha faltado en los primeros 25 años.

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Panamá

Los orígenes del caso que llevó a la liquidación del AllBank en Panamá

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El nuevo fraude bancario que golpea a Panamá tiene sus orígenes en octubre de 2011 cuando el banquero venezolano Víctor Vargas Irausquín estableció su propio banco en la nación centroamericana con el que completó una estructura financiera que hoy es señalada de fraudulenta.

Entidades del grupo rotaban el mismo dinero para respaldar las reservas y depósitos, burlando los sistemas de supervisión de cinco países, entre ellos el panameño.

En el 2019 estalló el escándalo por el nuevo fraude bancario, dando inicio a un proceso de liquidación forzada por insolvencia donde hay más de 182 millones en activos en riesgos, de los cuales 175 millones de dólares son depósitos de clientes o cuentahabientes.

En Panamá, Vargas Irausquín abrió operaciones bajo el nombre de AllBank y la casa de valores Plus Capital Market. Incluso el banco compró los derechos de un edificio para llamarlo Torre AllBank para dar prestigio a sus operaciones como los grandes jugadores de este mercado.

Todas las operaciones del grupo de Vargas Irausquin se coordinaban para jugar con las reservas, tal como se desprende de un reporte de intervención de la Superintendencia de Bancos de Panamá.

El diario Panamá América explicó que parte de los activos líquidos que respaldaban la operación de Panamá estaban en el Banco Orinoco de Curazao, el primero en ser intervenido y declarado en quiebra.

La otra parte de la estructura del banquero venezolano estaba en Antigua & Barbuda con el Boi Bank, República Dominicana con el Banco América (bajo intervención) y el Banco Occidental de Descuento en Venezuela (también bajo intervención).

En Panamá, de los 175 millones de dólares, 100.7 millones de dólares son de particulares que tenían 38.1 millones de dólares en depósitos a la vista y 51.7 millones de dólares en plazos fijos.

El 9 de septiembre de 2019, la Superintendencia de Bancos de Panamá tomó el control operativo y administrativo del AllBank Corp., afirmando que la operación ponía en riesgo la seguridad de las acreencias confinadas por los clientes en el banco.

El principal riesgo que identificó la Superintendencia de Bancos era que la cuarta parte de los activos líquidos y los servicios de custodia de una tercera parte de las inversiones en valores de AllBank estaban el Banco Orinoco de Curazao, el cual estaba intervenido desde septiembre de 2019. Ya estaba claro el nuevo fraude bancario de Vargas.

La Superintendencia de Bancos de Panamá también encontró que el AllBank refleja una fuerte debilidad de la salud de la cartera de préstamos, lo que sumado a una frágil gestión de Gobierno Corporativo, establecen un modelo de gestión que se torna inviable.

El 8 de noviembre de 2019, la Superintendencia de Bancos de Panamá ordenó la liquidación forzosa de AllBank debido a que la situación financiera, operacional y de gobierno corporativo del banco no procedía reorganizarlo o intentar su venta a otro banco.

El liquidador designado para AllBank fue Rafael Moscarella Valladares quien en su informe de intervención había determinado la insostenibilidad del banco como un negocio en marcha.

Moscarella Valladares alegaba la incertidumbre sobre la disponibilidad de sus activos, abriendo una duda razonable sobre la solvencia y liquidez del banco.

Durante el proceso de corrección, «AllBank no logró proponer soluciones a corto plazo, sino reiteradas evasivas y plazos, y condiciones inviables que le permitirían seguir con su riesgoso actuar, incluyendo las evasivas de los bancos del Grupo».

Otro elemento que obligó a la Superintendencia a forzar esta liquidación, es que desde octubre de 2018 se presentaban reportes de recurrentes reclamaciones de ciertos clientes de AllBank.

Las denuncias eran por renovaciones de plazos fijos no autorizados, por restructuraciones de términos y condiciones de manera unilateral, por no concesión de financiamientos con garantías de depósitos del mismo banco, pero sobre todo por instrucciones no atendidas de clientes, sobre transferencias de fondos depositados en el banco.

«Este hecho sugiere una inadecuada gestión de liquidez por parte de AllBank», advirtió el liquidador.

También se identificaron órdenes de pago desatendidas por importes significativos lo cual constituye un grave indicio de iliquidez.

La liquidación del AllBank ahora conduce a importantes bienes de lujos que Vargas Irausquin posee, entre ellas una mansión en la reconocida zona de playa La Romana en República Dominicana, entre otras excentricidades que conducen a la realeza española, según Primer Informe.

Según Carlos Tablante, quien fuera ministro del expresidente Rafael Caldera, Vargas Irausquín es “el banquero rojo” que operó en la compra de la Cadena Capriles para ponerla al servicio del chavismo.

También lo responsabiliza de haber escondido la fortuna de Alejandro Andrade, ex guardaespaldas de Hugo Chávez, hoy preso en Estados Unidos.

Asimismo, estuvo involucrado en los llamados Bonos del Sur con los que Hugo Chávez financió el Gobierno de los Kirchner en Argentina.

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Panamá

Las evidencias halladas por la fiscalía panameña para pedir el llamamiento a juicio de 50 implicados en el caso Odebrecht

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La fiscalía anticorrupción solicitó el llamamiento a juicio de 50 personas por presunto blanqueo de capitales relacionado con el caso Odebrecht en Panamá.

La fiscalía anticorrupción de Panamá argumenta su acusación a la entrega de sobornos por más de 100 millones de dólares por parte de la constructora brasileña para la concesión y pago de obras en el país centroamericano.

También pidió juicio para una persona jurídica o institución y el sobreseimiento para otras 29 personas, al remitir finalmente el voluminoso expediente de la investigación iniciada hace más de cuatro años a las instancias judiciales.

Según un comunicado del Ministerio Público en la investigación se pudo establecer que la caja no contabilizada de Odebrecht con su compleja estructura, usó la banca nacional e internacional en Panamá para transferir dinero ilícito a servidores públicos y sus familiares.

El dinero transferido que asciende a 100 millones de dólares, “impactaban directamente en la concesión y pago de obras que desarrollaba el conglomerado en nuestro país”, reza el comunicado publicado el lunes, según información de AP.

La fiscalía anticorrupción señaló que para ello los imputados utilizaron sociedades anónimas panameñas y extranjeras, testaferros o interpuestas personas, seguros, contratos ficticios y financiamiento de campañas políticas.

El comunicado del Ministerio Público no da nombres de los llamados a juicio, y algunos críticos exigieron que se revelaran las identidades de los imputados.

El Ministerio Público señaló que a lo largo de la investigación sobre el caso Odebrecht en Panamá se recuperó para el Estado 49,5 millones de dólares, de los cuales 37,8 millones corresponden a los adelantos efectuados por Odebrecht como parte de una multa acordada por 220 millones.

Agregó que otros 36,6 millones fueron aprehendidos y que incluyen bienes y dineros de los imputados.

Indicó que durante el curso de la investigación también se celebraron ocho acuerdos de colaboración eficaz y 11 acuerdos de pena con sentencia condenatoria.

Odebrecht admitió a finales de diciembre del 2016 haber pagado casi 800 millones de dólares en sobornos en 12 países de Latinoamérica y África para acceder a más de un centenar de obras multimillonarias, según el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

En el caso de Panamá, la gigante brasileña pagó sobornos por más de 100 millones incluido el periodo de 2009-2014 en que gobernó Ricardo Martinelli, según las investigaciones.

También habría realizado aportes a campañas electorales, como al partido del entonces candidato a vicepresidente Juan Carlos Varela en los comicios de 2009, por lo cual el exmandatario (2014-2019) está enfrentando actualmente un proceso.

Dos hijos del expresidente Martinelli fueron implicados en el caso Odebrecht, aunque ellos rechazan los señalamientos.

Odebrecht, que llegó al país durante el gobierno Martín Torrijos (2004-2009).

La empresa se convirtió en la mayor contratista del Estado y formó parte del consorcio que construyó las líneas 1 y 2 del Metro de Panamá, puestas en funcionamiento al final de la administración de Martinelli (2014) y de Varela (2019), respectivamente.

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Panamá

Cronista evoca la vida y obra del exdictador panameño Omar Torrijos

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David y Goliat en el canal de Panamá

Por Rafael Fraguas
El País

De los numerosos géneros del periodismo, el que más se aproxima a la literatura es, sin duda, el de la crónica. Así lo demuestra su base narrativa que, unida a su despliegue descriptivo, redondea con colores, olores y sabores aquello que secuencialmente relata, ceñida a una actualidad apremiante o pretérita, pero nunca distante. La mirada que la crónica proyecta sobre los hechos incorpora un dinamismo propio que, en manos de los maestros, genera una sensación de totalidad que traslada de un tirón a quien la lee hasta el origen mismo de los hechos tratados. Ningún otro género periodístico procura tal vitalidad.

El cronista es, en este caso, Zoilo Gutiérrez Martínez de la Vega, periodista asturiano cuya veteranía, adquirida en Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador y Paraguay, se cinceló durante cinco décadas también sobre tierras centroamericanas: allí fue destinado como redactor y delegado luego de la agencia española de noticias EFE, una de las diez grandes agencias informativas mundiales. Sobre el terreno, Zoilo Gutiérrez acuñó una experiencia irrepetible que, ahora, ofrece al lector en un libro de los que imprimen carácter: Las guerras del general Omar Torrijos, que lleva por subtítulo La reconquista del Canal de Panamá.

Dictador nacional-progresista panameño “convicto, confeso y converso”, como a sí mismo se reconocía, Torrijos descendía del general y político liberal español fusilado en 1831 en la playa de Málaga por la reacción absolutista de Fernando VII.E l futuro líder panameño había nacido en Santiago de Veraguas, agro de Panamá, en febrero de 1929, octavo de una familia con 12 hijos, compuesta por los maestros José María Torrijos y Joaquina Herrera. Infancia y adolescencia entre estrecheces, Omar, accede a una beca para la Guardia Nacional. Asciende velozmente. Casa con Raquel Pauzner, con la que tuvo dos hijos y una hija. La represión dirigida por él contra una manifestación estudiantil le deja una honda huella. Transformará la Guardia Nacional de represora en fuerza pacificadora. A finales de los años 60, ya como líder de su país, será mentor, autor y campeón de una de las mayores gestas políticas –con armas diplomáticas- de la historia contemporánea del hemisferio americano: la de recobrar para su país el canal transoceánico de Panamá, en manos estadounidenses desde 1904.

Puede leer el texto completo en El País

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