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Panamá

La lamentable muerte del jugador del Club Deportivo del Este, Adonis Villanueva, hace evidente la falta de adecuadas medidas de seguridad en el fútbol panameño

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El futbolista Adonis Villanueva, de solo 28 años, jugador del Club Deportivo del Este de la Liga Panameña de Fútbol, falleció este lunes, 22 de noviembre.

Así lo confirmó su propio club, quien emitió un comunicado con sus condolencias, informó Martha Vanessa Concepción en Mi Diario.

Se informó que Adonis Villanueva se recuperaba de una delicada operación de cerebro, producto de una isquemia, luego de haber recibido un golpe en la cabeza en uno de sus entrenamientos, por lo que fue intervenido de urgencia.

El futbolista, oriundo de Pacora, fue operado el jueves 18 de noviembre y se mantuvo en Cuidados Intensivos, esperando su evolución. Sin embargo, no resistió.

Las redes sociales se inundaron de condolencias de la familia del fútbol en el país, entre ellos Gabriel Gavilán Gómez. ¡Paz a su alma!

El caso de Villanueva ha revivido el tema del uso de cascos por parte de jugadores y porteros en el fútbol panameño. En Panamá, salvo poquísimas excepciones, los porteros comúnmente no utilizan cascos protectores. El lamentable hecho que pudo haber sido evitado con medidas de seguridad adecuadas, ahora sí ha llevado a la Liga Panameña de Fútbol a tomar medidas en previsión a futuros incidentes similares.

Desde hace años se han registrado en el fútbol mundial sucesos de igual naturaleza que han hecho que algunos clubes y ligas tomen conciencia sobre la importancia del uso del casco por parte de los porteros y jugadores. Los cascos utilizados en el rugby han suplido la necesidad un casco para los arqueros de fútbol.

Aquí hacemos un recuento de algunos incidentes y opiniones de expertos sobre el tema.


«Los porteros acabaremos con casco»

Por Luis Miguel Hinojal
09 ABR 2007. EL PAÍS

Su enorme y poderosa estampa, ahora coronada por un casco de goma, ha vuelto a erigirse como el símbolo de la extrema solidez defensiva del Chelsea. La protección que luce en su cabeza el portero Peter Cech le identifica como superviviente de un episodio dramático. De la tarde del 14 de octubre de 2006 sólo recuerda el calentamiento previo al partido en el estadio del Reading. Su memoria selectiva ha borrado de su cerebro lo que pasó después. Incluido su pavoroso impacto contra una rodilla de un rival, Stephen Hunt, que intentaba, lanzado a ras de suelo, rebañar el balón que él ya tenía entre los brazos. «Tiene suerte de seguir vivo», dijo José Mourinho, su entrenador, tras repasar el lance por televisión y una vez confirmada la estremecedora fractura craneal.

El debate sobre la presunta intencionalidad y el peligro que implicó el ardor del delantero y la escasa protección que los árbitros de la Premier League muestran hacia los guardametas inundó los medios de comunicación británicos. Mientras tanto, Cech, (Plzen, República Checa; 1982) afrontaba un delicado proceso de recuperación tras pasar por el quirófano por su rotura del parietal derecho. Los médicos más optimistas fijaban en seis meses su regreso a los entrenamientos. No contaron con su fuerza de voluntad y su calidad física: tres meses y seis días después de sufrir tan grave lesión, Cech reapareció en un encuentro oficial dejando atrás un calvario que llegó a poner en riesgo su carrera: «Al levantarme cada mañana, sufría horribles dolores de cabeza. Quería pasear y a los diez minutos estaba agotado porque recibía una medicación muy fuerte para prevenir posibles episodios epilépticos». Los cuidados de su esposa, Martina; de los médicos y de los fisioterapeutas y las muestras de apoyo en forma de cientos de cartas enviadas por aficionados y colegas de muchos países aceleraron su puesta a punto. No sólo entró, aunque con prudencia, en la rutina preparatoria, sino que volvió tan mejorado que Mourinho, admirado, declaró: «La vuelta de Cech es como disfrutar de un nuevo fichaje de 50 millones de libras».

«Nunca me había sentido mental y físicamente tan fuerte como ahora», declara Cech; «en términos de fuerza y velocidad de reacción, estoy mejor que antes porque durante la recuperación he debido trabajar muy duro y durante mucho tiempo». Desde que Cech regresó en enero a los terrenos de juego, el cuadro de Mourinho sólo ha recibido ocho goles en 17 partidos oficiales. Durante su ausencia, había disputado 20 encuentros entre la Premier y la Champions y sufrido 16.

El casco que le resguarda no le molesta: «Sé que no estoy arriesgando mi vida jugando de nuevo. Eso es lo principal. A este paso, además, todos los porteros acabaremos llevándolo. Cuando era pequeño, en mi tierra, era extraño ver a los niños jugando al hockey sobre hielo con un casco. Ahora es obligatorio». «Estoy feliz desde que he vuelto», explica; «tras el momento más duro de mi vida, disfruto más. A veces juego un partido difícil, con el césped embarrado y un tiempo pésimo, pero me siento bien en cualquier condición, ante cualquier adversario y en cualquier torneo. Soy feliz».

Muy sensibilizado ante los percances físicos, le ha tocado vivir en los últimos meses dos episodios escalofriantes. En febrero vio caer fulminado a su compañero Terry en la final de la Carling Cup al recibir en la cara una fortuita patada de Diaby, zaguero del Arsenal.Un fisioterapeuta de este conjunto evitó que se tragara la lengua y los médicos le colocaron un collarín y una mascarilla de oxígeno mientras todo el estadio contenía la respiración. Afortunadamente, Terry, tras pasar por el hospital, pudo celebrar un par de horas después el título conseguido. Cech fue el primero en homenajearle: «Si hay un trofeo al hombre de hierro del año, es para él». La fatalidad volvió a acosarle en marzo. Ante el Sheffield, en una salida, chocó con Hulse. Esta vez el damnificado fue su contrincante: doble fractura de tibia. Cech sabe mucho del dolor propio y el ajeno. De hecho, disputó la recta final de la pasada Liga y el Mundial con fisuras en varios dedos. Se operó en las vacaciones.

Su magnífica trayectoria en el Chelsea desde que Claudio Ranieri recomendase su fichaje en 2004 -llegó del Rennes, francés, por siete millones de libras- le consagra como uno de los mejores cancerberos: firme, potente, elástico, de notables fundamentos técnicos, con un gran sentido de la ubicación y galvánicos reflejos. No pudo detener, sin embargo, el misil de Silva. Pero el aura de cuadrilla solidaria, blindada y rocosa sigue envolviendo al Chelsea. Una reputación que emana de su vigorosa consistencia defensiva con Cech como su ángel de la guarda.


Los balonazos traen de cabeza al fútbol

Por Jon Prada
04/03/2016. MARCA

El Britannia Stadium, santuario del balón largo y alto del Stoke de Tony Pulis, rindió homenaje el pasado fin de semana a uno de sus héroes. A los 31 años, Andy Wilkinson se ha visto obligado a retirarse tras recibir un balonazo en febrero de 2015 ante el Blackburn Rovers, en la FA Cup, que le provocó daños neurológicos de los que aún no se ha recuperado.

«Una volea me golpeó en la sien y me dejó en shock. Corrí hacia atrás y perdí la visión periférica por mi lado derecho. He tenido problemas de equilibrio, mentales, visuales y para dormir; vértigo, nauseas, ira, depresión, frustración… No pensaba dejarlo ya», confesó Wilkinson. Su caso abre el debate sobre los trastornos neurológicos en el fútbol.

En un deporte global y competitivo, la amnesia colectiva destierra este tipo de dolencias.»Lo que ha sufrido Wilkinson, por los síntomas que describe, es un traumatismo craneoencefálico leve, aunque para él las secuelas han sido grandes. Muchos problemas no son sólo físicos, también son neuropsicológicos», asegura Clara, fisioterapeuta del Centro de rehabilitación neurológica y fisioterapia Neurex.

En el césped, el balón es repelido por jugadores como Bassong (Norwich), que ya lo ha cabeceado este curso 140 veces. «En un deporte de contacto siempre hay riesgos. La repetición es clave, pero no hay una relación directa entre golpear de cabeza y tener una lesión neurológica. Un simple impacto puede producirla», señala Mari Carmen, responsable del departamento de terapia ocupacional de Neurex.

La repetición, clave

La escalada, el esquí, el boxeo y el ciclismo son los otros deportes, junto al fútbol, que más traumatismos generan en España. En los estadios, los jugadores reciben un golpe, son atendidos y vuelven a la batalla. La UEFA ha pedido a los médicos y entrenadores que sean extremadamente prudentes y responsables. A la mínima sospecha de un traumatismo deben pedir el cambio. Los árbitros no tendrán piedad con los codazos.

«En ocasiones, el cerebro golpea con el cráneo por movimientos de aceleración y deceleración bruscos. Eso es una concusión. Si se repiten los traumatismos durante años, puede producirse una encefalopatía traumática crónica (ETC) que provoca graves daños. La repetición hace que el cerebro esté más expuesto», afirma Sonia, neuropsicóloga de Neurex. Un mal que padece el fútbol americano.

Cech (Arsenal) y Chivu (ex Inter) sufrieron fracturas craneales y jugaron, o juegan, con un casco que amortigua el golpe pero no evita del todo la lesión. Una medida preventiva. «En el fútbol se dan traumatismos habitualmente, pero suelen ser leves. En casos como el de Wilkinson, aunque el jugador esté recuperado físicamente, puede tener problemas cognitivos. En el fútbol hay muchas normas, hay que trabajar en equipo y los futbolistas con secuelas pueden perder capacidad de atención y focalización. Reciben el balón y no saben qué hacer», confiesa Sonia. Les trae de cabeza.

REHABILITACIÓN (Cuatro fases simultáneas)

FISIOTERAPIA

Trabaja desde la UCI para la reincorporación total

«Nos encargamos de la parte física y de todos los problemas de movilidad. La variedad de secuelas es muy amplia desde problemas respiratorios, de equilibrio, fuerza… Y no siempre se consigue la recuperación total», asegura Clara.

Estar bien físicamente no es sinónimo de recuperación

«Cualquier lesión depende de la fuerza y la intensidad del impacto. Los antecedentes genéticos y de traumas son factores a tener en cuenta. Estar bien físicamente no significa estar completamente recuperado», finaliza Clara.

NEUROPSICOLOGÍA

Se busca la recuperación plena en todos los niveles

«Trabajamos en equipos multidisciplinares para la recuperación de las funciones cognitivas tanto conductuales (emociones) como funcionales que había antes de la lesión. Trabajar con la familia también es clave», asegura Sonia.

Los tiempos del fútbol y la neurología están enfrentados

«El proceso para recuperar las funciones que tenía antes de la lesión es muy lento. Los primeros seis y nueve meses se van regenerando las conexiones espontáneamente sin rehabilitación. Y cada persona es diferente», relata Sonia.

TERAPIA OCUPACIONAL

En busca de la independencia en sus actividades diarias

«Lo hacemos desde un nivel básico (vestirse, asearse, comer solo…), de forma instrumental (manejo de dinero, transporte, orientación en exteriores…) y avanzada (ocio, relaciones sociales…). Todo debe ser muy funcional para recuperar la autonomía lo más rápido posible», declara Mari Carmen.

Los porteros y delanteros, los que más riesgos corren

«Los porteros, que saltan a por el balón por alto, y los delanteros, por los remates, corren más riesgos. Todo el trabajo rehabilitador está coordinado», asegura Mari Carmen.

LOGOPEDIA

Trabaja para mejorar el habla (lenguaje) y la deglución

«La movilidad, para mejorar el habla, es una de las vertientes de un trabajo que se encarga de la recuperación del habla y del lenguaje y los problemas de deglución. En ocasiones, la persona no puede hablar ni comunicarse», sostiene Sonia.

Un proceso que no requiere todos estos apartados

Dependiendo del tipo y del grado de la lesión, se llevarán a cabo unas u otras fases de rehabilitación. Todas de manera simultánea pero no al mismo nivel. El objetivo es recuperar el mayor grado de autonomía posible y mayor calidad de vida.


Alerta por el daño cerebral que provoca el fútbol

Por David Álvarez
28 OCT 2019. EL PAÍS

El mayor estudio científico sobre las secuelas del fútbol en el cerebro de los futbolistas nació de la muerte horrible de un gran goleador en la fiesta de cumpleaños de su hija. Sucedió el 19 de enero de 2002 cerca de Burton-on-Trent, en el centro de Inglaterra. Jeff Astle, nacido en Eastwood en mayo de 1942, tenía 59 años, pero según su hija Dawn, que cumplía 34, parecía que tenía 159: “No nos reconocía. Apenas hablaba. Estaba sentado a la mesa y si nos hubiéramos ido y hubiéramos regresado dos semanas después, todavía seguiría sentado allí”, recordaba ella en 2015. Y de repente, el horror: “Se ahogó hasta morir delante de toda su familia… mi familia, la familia de Claire y la de Dorice [sus otras dos hijas]… todos sus nietos”.

Dawn tuvo desde el primer momento la convicción de que lo había matado el fútbol. En una carrera desarrollada en los años sesenta y setenta, sobre todo en el West Bromwich Albion, Jeff Astle sumó 168 goles, más de la mitad de ellos anotados de cabeza. La familia llevó la muerte al juzgado, y en noviembre de 2002 un magistrado dictaminó que el fallecimiento se había producido a causa “de su trabajo”.

Doce años más tarde, en 2014, el neuropatólogo de la Universidad de Glasgow Willie Stewart revisó el cerebro de Astle: “Tenía exactamente el mismo aspecto que esperas ver en el cerebro de un boxeador”, explica a EL PAÍS en conversación telefónica. Stewart le diagnosticó encefalopatía traumática crónica, una enfermedad neurodegenerativa asociada a la acumulación de golpes en la cabeza.

Eso explicaba la horrible escena doméstica de la fiesta de cumpleaños: “Su cerebro estaba muy dañado. Las lesiones hacían que no pudiera enviar la señal correcta para escupir la comida [con la que se atragantaba], así que en lugar de eso intentó tragársela”, relató su hija en abril de 2015. Fue también el momento en que la familia puso en marcha la Fundación Jeff Astle “para aumentar la atención sobre el daño cerebral en el deporte y para ofrecer la ayuda necesaria a los afectados”.

Con ellos siguió trabajando el doctor Stewart, que la semana pasada presentó una gran investigación que concluye que los exfutbolistas tienen más del triple de posibilidades que el resto de las personas de que la principal causa de su muerte sea una enfermedad degenerativa. El estudio, que contó con el apoyo de la federación inglesa de fútbol y del sindicato de jugadores, encontró que después de ser futbolista profesional se tienen cinco veces más posibilidades de padecer Alzheimer, cuatro más de esclerosis lateral amitrófica (ELA) y el doble de sufrir párkinson.

Para su trabajo, el equipo de Stewart usó datos médicos de 7.676 futbolistas escoceses nacidos entre 1900 y 1976 y los comparó con los de 23.028 personas de características similares en cuanto a sexo, edad y grado de privaciones sociales. Según Stewart, las conclusiones revelan “la conexión entre participar en un deporte de contacto como el fútbol y el riesgo de deterioro cognitivo; la pregunta es por qué aparece esta conexión, y la mejor explicación que tenemos, después del estudio y otras investigaciones de nuestro laboratorio es la exposición a lesiones y golpes en la cabeza”.

“Ahora queremos ver si podemos encontrar más pruebas del riesgo que suponen los golpes en la cabeza. Queremos comparar entre los delanteros y los defensas y ver qué encontramos. Por ahora, los datos sugieren que los jugadores de campo tienen un riesgo mayor que los porteros”, explica Stewart. Los datos también sugieren que a los exfutbolistas les aguantan mejor que al resto el corazón y los pulmones, y que, a diferencia de Astle, es más probable que cumplan los 70, aunque a partir de ahí su riesgo de muerte aumenta más rápido que el de los demás.



 
 

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