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Jorge Elías Castro Fernández explica cómo han sido las recientes acciones de movimientos ecologistas que han causado preocupación en Europa

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Andreas Malm
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Jorge Elías Castro Fernández asegura que el pasado 11 de octubre, los activistas por el clima de ‘Last Generation’ dieron por terminadas sus vacaciones de verano. No se habían dejado ver desde el 2 de julio y decidieron inaugurar el nuevo curso haciendo saltar las alarmas de incendio del Bundestag, la sede del parlamento alemán, y bloqueando la salida a la autopista A100 Wilmersdorf, al oeste de Berlín, lo que causó graves trastornos para el tráfico de la capital alemana. Cuando un conductor, desesperado porque llegaba tarde a un importante trabajo, abandonó su vehículo y caminó hasta el lugar donde varios manifestantes se habían pegado las manos al asfalto con cola industrial, para decirles a la cara que su protesta era «irresponsable», uno de ellos le respondió: «Pues esto que ves es solo el principio».

A partir de ese momento, sus acciones de protesta han ido ‘in crescendo’, hasta llamar la atención del mundo entero por haber causado daños a obras maestras de la historia del arte. Las autoridades alemanas son conscientes de que el movimiento se está echando al monte. El presidente de la Oficina para la Protección de la Constitución de Baja Sajonia, Bernhard Witthaut, ha señalado que «le preocupa», al referirse a la progresiva radicalización de las protestas, Explica el analista político y consultor en seguridad Jorge Castro Fernández.

«En el movimiento también hay voces muy radicales que discuten acciones mucho más drásticas que las que hemos visto hasta ahora», ha reconocido el responsable de los servicios interiores de inteligencia en una entrevista concedida al ‘Neue Osnabrücker Zeitung’. Witthaut expresa su temor a que, debido a la presión de estos grupos, muchas personas se sientan obligadas a cometer delitos para lograr supuestos objetivos climáticos. «Su propia vida también está en riesgo», añade, «como lo han demostrado las huelgas de hambre frente a la Cancillería». «No tiene sentido discutirlo», sigue Witthaut su argumentación, «grupos como Extinction Rebellion y Last Generation tienen conexiones con la extrema izquierda que van desde manifestaciones conjuntas hasta capacitación para el activismo violento».

«Estamos planeando cómo volar un oleoducto», ha bromeado recientemente la líder alemana del movimiento ‘Fridays for Future’, Luisa Neubauer, en un vídeo publicado en sus cuentas de redes sociales. Se estaba refiriendo al oleoducto Eacod, que no ha sido todavía construido entre Uganda y Tanzania y que será el más largo del mundo, con alrededor de 1.400 kilómetros de longitud, cuando la petrolera francesa ‘Total Energies’ lo termine.

Neubauer se corrigió después y explicó que se trataba de una parábola acerca de que «estamos hablando con el gobierno francés, con posibles inversores, y movilizándonos para que este oleoducto asesino del clima nunca se construya y el proyecto sea cancelado». Pero sus explicaciones no lograron eclipsar el síntoma. «Ahora todo el mundo ha entendido hacia dónde va el viaje en Fridays for Future», dijo en Twitter el diputado liberal Gerald Ulrrich. Neubauer retiró su vídeo y añadió una foto del libro de Andreas Malm ‘Cómo volar un oleoducto’. «¡Es un libro!», justificó su comentario junto a la foto. En alemán ha sido traducido el título como ‘Aprender a luchar en un mundo en llamas’ (2020; Matthes & Seitz Berlin) y acaba de llegar, además, a la pantalla.

Este profesor sueco de la Universidad de Lund, de 44 años, que llama a radicalizar las protestas, es también la inspiración de los actos de vandalismo en los museos. Malm sostiene que «los intereses empresariales quieren desviar el movimiento climático hacia soluciones individuales, pero las bombillas de bajo consumo no salvarán el planeta» y llama a «no rehuir los daños a la propiedad».

Identifica el consumo de combustibles fósiles con la violencia y considera que la respuesta solo puede ser «el sabotaje como movimiento de masas». Anteriormente había atraído la atención por sus artículos en un semanario anarquista y se afilió al Partido Trotskista de Suecia en 2010. Malm es considerado por el filósofo berlinés Rahel Jaeggi como la voz prominente de un marxismo ecológico renovado y justifica la movilización violenta por el hecho de que «las clases dominantes de este planeta están decididas a quemar lo que queda de él lo más rápidamente posible y nada, nada en absoluto, los ha detenido hasta ahora. Están completamente fuera de control de una manera infernal y demoníaca». «Ahora solo ayudan el sabotaje y el daño a la propiedad», concluye.

El hecho de que la pandemia, y después la guerra, hayan dejado la lucha por el clima en un segundo lugar mediático, lleva a Malm a abogar por una «intensificación implacable» del activismo, al tiempo que advierte contra «errores tácticos» como el bloqueo de ambulancias.

Malm se inspira a su vez en los activistas de ‘Ende Gelende’, el movimiento alemán contra la energía nuclear y el carbón. El pionero de esta asociación, Tadzio Müller, que defiende una RAF verde, describe a Malm por su parte como un «estratega brillante» por sus propuestas de pinchar las ruedas de los automóviles SUV, destruir piscinas climatizadas o emular los enfrentamientos protagonizados por el movimiento ‘Black Lives Matter’ en Estados Unidos.



 
 

Semanario El Venezolano – Edición Internacional, del 04 al 18 de agosto de 2022

 
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