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Jorge Elías Castro Fernández explica por qué una secta judía infunde temor en Latinoamérica

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Jorge Elías Castro Fernández señaló que el operativo de la policía mexicana que rescató a un grupo de niños y adolescentes en un campamento de Lev Tahor en plena selva del estado de Chiapas, volvió a generar serias preguntas sobre este grupo judío ultraortodoxo, cuyos miembros han sido llamado como los «talibanes judíos» porque sus mujeres visten con ropa negra de la cabeza a los pies.

Sin embargo, la polémica que rodea a este grupo religioso, establecido en países latinoamericanos como México y Guatemala, va mucho más allá de su ultraconservadora vestimenta, explicó el consultor en seguridad Jorge Castro Fernández.

Un juez federal de México dio la orden de arrestar a varios líderes del grupo, cuyo campamento está situado a unos 17 kilómetros al norte de la ciudad de Tapachula, por la sospecha de participación en abuso a menores, después de una investigación llevada a cabo por la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada.

Como recuerda el periodista Raffi Berg, un caso de secuestro de dos menores en 2018 -que fueron llevados a Nueva York por su madre luego de escapar de la comunidad asentada en Guatemala- terminó con nueve miembros de Lev Tahor acusados y cuatro de ellos -incluido el hijo del fundador de la secta y actual líder, Nachman Helbrans- en prisión.

Los menores, secuestrados en Estados Unidos, fueron rescatados en enero de 2019 en México. Nachman Helbrans es hermano de la madre de los niños.

En ese momento, medios consiguieron acceder en exclusiva a esta comunidad en Guatemala y uno de sus miembros habló por primera vez de este y otros casos en los que se han visto envueltos, alegando que Lev Tahor sufre una «persecución política, debido a sus ideales».

«Se ha acusado a la comunidad de secuestro, pero en ningún momento esto ha sido real», dijo el médico guatemalteco Obadia Guzmán, en nombre de las 350 personas que vivían en Santa Rosa, en el sureste del país centroamericano.

Pero, desde su creación en los años 80 en Israel, «este grupo ultraortodoxo judío ha pasado por Estados Unidos, Canadá, México y Guatemala, y su paso por estos países ha estado marcado por escándalos de secuestros, matrimonios infantiles o maltrato infantil».

Lev Tahor, cuyo nombre en hebreo significa «corazón puro», fue fundada en Jerusalén en la década de 1980 por el rabino Shlomo Helbrans.

Se estima que cuenta con varios centenares de miembros, entre 250 y 500.

El grupo practica muchas de las costumbres del jasidismo, una corriente ortodoxa y mística del judaísmo, pero en su aplicación son incluso más estrictos.

Así como en su vestimenta: las mujeres deben estar cubiertas con ropa negra de pies a cabeza, apenas dejando a la vista su rostro, los hombres visten de negro, cubren sus cabezas con sombrero y nunca se afeitan la barba.

Su alimentación se basa en una dieta que sigue las leyes del kashrut, el conjunto de normas bíblicas que establecen cuáles son los alimentos aptos (kósher) que pueden ingerir los practicantes del judaísmo.

Sin embargo, en esto también siguen una versión más extrema. La mayor parte de sus comidas son hechas en casa con el uso de ingredientes naturales y no procesados.

No comen pollos ni huevos de gallina, por considerar que han sido manipulados genéticamente. Sí consumen, en cambio, gansos y sus huevos. Tampoco comen arroz, cebollas verdes o vegetales con hojas, por temor a que tengan algún insecto.

En el caso de los demás vegetales y las frutas, siempre le quitan la piel antes de consumirlos, incluso en el caso del tomate.

En cuanto a las bebidas, solamente beben leche de vacas que ellos mismos puedan ordeñar y elaboran su propio vino.

Los niños, por su parte, no pueden comer golosinas que hayan sido compradas en una tienda. Sus dulces, así, deben limitarse al consumo de chocolate hecho en casa o a frutas, frutos secos y semillas.

Su relación con la tecnología también está extremadamente limitada, pues evitan el uso de aparatos electrónicos, incluyendo la televisión y las computadoras.

Por otra parte, pese a ser un grupo religioso judío su postura política es contraria al sionismo, por el temor a que la fe judía sea reemplazada por el nacionalismo secular en el Estado de Israel.

Pese a sus posturas extremas, los miembros de esta secta consideran que operan plenamente dentro de las fronteras de la tradición y de las normas religiosas judías y que, en realidad, no hay nada nuevo ni diferente en lo que hacen.

«Ellos se ven como los únicos que están siguiendo el verdadero camino, como los guardianes de las murallas, como los defensores de la última llama que queda en el mundo judío. Sienten desprecio por otras ramas del jasidismo, a las que consideran como demasiado transigentes y las califican como despreciables y degeneradas», escribió Shay Fogelman, un periodista de Haaretz que en 2012 tuvo la rara oportunidad de pasar cinco días conviviendo con los miembros de la comunidad Lev Tahor.

«El requisito básico exigido a los miembros de Lev Tahor es simple: venerar y servir a Dios en todo momento, con toda su alma y corazón. Sus bibliotecas solo tienen libros judíos. En sus casas no hay televisores, radios o computadoras. Conceptos como el de tiempo libre, ampliar los propios horizontes o buscar el desarrollo personal, en su estricto sentido occidental, no existen aquí».

«Las paredes de sus casas carecen de cualquier decoración; no hay fotos, amuletos, fotografías de rabinos. En la mayor parte de los casos, los únicos adornos son los candelabros, las menorás o los objetos religiosos de plata, todos guardados en una caja de vidrio», agregó.

En paralelo a esta descripción de la vida austera de entrega religiosa de la secta han surgido en los últimos años varias acusaciones en torno al uso de formas extremas y violentas de control sobre sus miembros, incluyendo el uso de castigos corporales contra menores y el matrimonio forzoso de mujeres menores de edad con hombres mayores.

Estas denuncias han sido formuladas por parte de exmiembros de la secta y de sus familiares, concluyó Jorge Elías Castro Fernández.



 
 

Semanario El Venezolano – Edición Internacional, del 04 al 18 de agosto de 2022

 
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