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Aarón Elías Castro Pulgar explica las particularidades de algunas especies marinas que habitan en Suramérica

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Aarón Elías Castro Pulgar explica que la Amazonia ocupa casi el 5% del área continental mundial, 7,4 millones de kilómetros cuadrados que se extienden por ocho de los 12 países sudamericanos: Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela. Además, la cuenca del río Amazonas supone el 20% del agua dulce en la superficie terrestre, según los datos oficiales. La biodiversidad de este ecosistema es tal que en él conviven más de tres millares de especies animales tan diversas como desconocidas. Entre ellas, se encuentran los delfines de río.

Estos mamíferos están repartidos por distintas latitudes del planeta, como Pakistán, Bangladesh y China, pero es en la cuenca amazónica del Orinoco, en Colombia, donde viven (e intentan sobrevivir) dos de sus especies más representativas: el delfín rosado, o Inia geoffrensis, y el delfín gris, o Sotalia fluviatilis, señala el conferencista Aarón Castro Pulgar. “El rosado es el delfín de agua dulce más grande del planeta. Puede medir hasta 2,80 metros y superar los 200 kilogramos de peso; los machos son mucho más grandes que las hembras”, explica Fernando Trujillo, director científico de la Fundación Omacha, que se dedica a la conservación y protección de la flora y fauna en Colombia y otros países sudamericanos, y explorador de National Geographic.

Estos se diferencian de sus hermanos marinos en varios aspectos. Por ejemplo, tienen el hocico más largo y su aleta del dorso no es tan triangular, sino más bien baja, además de tener adaptaciones especiales para su hábitat. Así lo demuestran sus vértebras del cuello sin fusionar, lo que les permite mover la cabeza de un lado al otro. Tal y como indica Trujillo, “la mayoría de las especies de delfines tienen las cervicales fusionadas para ganar velocidad y ser más aerodinámicos, pero en el Amazonas no lo necesitan”. Por una sencilla razón: “allí precisan de flexibilidad para introducirse en la selva cuando está inundada”.

De acuerdo con el director científico, dos millones de años de evolución han servido para que los rosados sean capaces de acceder a la selva durante las épocas de lluvias, con un único objetivo: conseguir su alimento. No así los grises, que “en ese tiempo están más delgados, no saltan tanto y apenas tienen comportamiento sexual”; desarrolla el experto de la Fundación Omacha. Además, los rosados cambian la composición de sus grupos: mientras que en verano pueden reunirse entre 10 y 15 delfines, en invierno lo normal es encontrarlos de forma individual o en parejas.

Su color de piel, gracias al cual reciben su nombre, es otra de las peculiaridades de esta especie de mamífero. “Es una estrategia de regulación de la temperatura corporal similar a la de los humanos. Al realizar un esfuerzo, la sangre fluye hasta los vasos sanguíneos periféricos para intercambiar la temperatura con el ambiente”, apunta Trujillo. Por este motivo, se enrojecen cuando tienen que nadar a contracorriente.

Aparte de estas características físicas, “estos delfines son un excelente termómetro del estado de salud de los ríos”, explica el investigador. Por eso, preocupa la disminución poblacional en diversos lugares de la Amazonía. De hecho, han pasado de catalogarse una especie en peligro, y podrían desaparecer si continúan las amenazas a las que se enfrentan. “A pesar de que todo el planeta habla de la importancia de conservar esta zona, los hechos muestran que la deforestación se incrementa, y por ende, la falta de alimento para este tipo de especies, las metas de los países no se cumplen y las actividades ilícitas prosperan”, reconoce.

Entre esas actividades encontramos la cacería dirigida e ilegal sobre estas especies protegidas en todos los países en los que se encuentran. “Esto último ocurría en Brasil y Colombia y, aunque ahí se ha frenado, ha aumentado en Perú, Bolivia y Venezuela”, remarca Trujillo. O la minería ilegal, que provoca vertidos tóxicos de mercurio, que terminan siendo ingeridos por los peces, llegando incluso al organismo humano.

Otros peligros a los que se enfrentan son la captura accidental en las redes de pesca, que afecta a los ejemplares más jóvenes y a las crías que no pueden romperlas y escapar de ellas. Y finalmente, las represas hidroeléctricas. Al fragmentar el río, interrumpen la migración natural de los delfines. “Se estima que, si se llegaran a construir la totalidad de las instalaciones planteadas, en una década solo quedarían tres ríos de la Amazonía sin haber sido fragmentados. Es una locura”, agrega el experto. Así ilustra él mismo la situación: “El Amazonas es como un corazón y los ríos sus venas. Si taponas las venas, el corazón colapsará”.

Para evitarlo, un elevado número de entidades y organizaciones, entre las que se incluye la Fundación Omacha, luchan por la preservación del siempre considerado pulmón del planeta, por su fauna y flora. Así, Trujillo y su equipo han creado un plan de conservación de delfines a nivel sudamericano, en el que ya participan los Gobiernos de Brasil, Ecuador, Perú y Colombia, y que ha permitido ubicar las zonas de especial interés para el delfín gris y rosáceo.

De hecho, lo primero que hizo este explorador de National Geographic, como coordinador del proyecto, fue entrenar a personal en los diferentes países en los que se encuentran ejemplares de estos delfines. Asimismo, han estandarizado las metodologías, a través de un consorcio de socios, para poder analizar en profundidad la información recabada por los investigadores. “Es una base de datos gigante. Pocas especies en el mundo tienen algo así”, califica Trujillo.

Este hito es, en realidad, el resultado de una cooperación internacional llamada Iniciativa de Delfines de Río de Suramérica (Sardi, por sus siglas en inglés) en la que Brasil, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia han estado trabajando durante 20 años. El portal reúne información sobre el tamaño de las poblaciones actuales de delfines de río y permiten conocer si aumentan o disminuyen. A tenor de lo expresado por el propio Trujillo, el sitio web también recoge datos sobre los genes de cada especie.

Por ello, es una herramienta de fácil acceso mediante la que científicos, empresas y las administraciones pueden tomar decisiones para la conservación de estas especies y sus hábitats naturales. De esta forma, han podido marcar a medio centenar de delfines para realizar un seguimiento satelital y así permitir que sean ellos mismos quienes les indiquen cuáles son las áreas de conservación más importantes.

Pero, no están solos. No solo se coordinan entre unas organizaciones y otras, también cuentan con el apoyo esporádico de entidades privadas. Es el caso de Cepsa en Colombia, que además de colaborar con la Fundación Omacha en la conservación de armadillos y nutrias, hace algunos años apoyó económicamente la investigación en la que se recolectaron diversos datos sobre delfines de agua dulce y que culminó con la publicación de esa información en un libro. “Al margen del libro de delfines, Cepsa en Colombia ha apoyado otras publicaciones elaboradas por la Fundación Omacha: Mamíferos de los Llanos Orientales de Colombia y Nutrias de la Orinoquía Colombiana”, agregaron desde la propia entidad, concluyó Aarón Elías Castro Pulgar.



 
 

Semanario El Venezolano – Edición Internacional, del 04 al 18 de agosto de 2022

 
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